De esto de las enmiendas a la ley de juventud y del peligro del infierno, sí, del infierno...

Las enmiendas a la Ley de Juventud que tienen en suspenso a parte de la población y que desata acaloradas manifestaciones de puritanismo que nos advierten del peligro del infierno, son sin lugar a dudas necesarias. Solo para tener en claro las enmiendas, acá un pequeño resumen: 
  • Se pide incluir en el artículo 5: el derecho a la educación integral en sexualidad y el derecho a una vida libre de estigmatización y de discriminación. 
  • En el artículo 10, garantizar el acceso a los métodos anticonceptivos modernos, a la planificación familiar y a la consejería especializada.
  • En el artículo 11, que se garantice la educación integral en sexualidad, con enfoque de género, científico, de derechos humanos, laica y libre de prejuicios, estigmas y discriminación. 
Aunque el acceso a los anticonceptivos, a la planificación familiar y a la información ya son parte de otras leyes, lo que parece poner el pelo de punta a curas, pastores, monjas y a un montón de adultos conservadores es la mención de las palabras laico, científica, libre de prejuicios, género (el gran demonio) estigmas y discriminación. Todo esto porque esas palabras -ahhh el poder de las palabras- abre la puerta a que la juventud pueda concebir su relación con su cuerpo, con su sexualidad y con otros, lejos de los conceptos de culpa y pecado. 

Quizás es que las iglesias y allegados saben que la educación, apartará a parte de la población de sus edificios y congregaciones, ya que con la información científica se quitará del alma de muchos la necesidad de sentirse redimido. Dará más libertad y más libre albedrío a los hijos e hijas de dios y esto, claro, no es un buen negocio. Tampoco es un buen negocio, pensarán muchos, que dejemos de producir mano de obra barata que ensanche las filas del comercio informal, el trabajo en call centers y otras entidades de esclavitud moderna como maquilas de todo tipo y por supuesto, del tráfico ilegal de personas y el crimen organizado. Ni buen negocio es tener una población que consciente de su cuerpo, se haga consciente de lo político, porque sí, por ahí empieza buena parte de la conciencia política, si no vean la historia de las luchas feministas. 

Pero esto ya ha sido discutido por muchas personas en las últimas semanas y sin duda seguirá llevando a muchos a debatir, gritar y profetizar una sodoma y gomorra al estilo chapín. Así que mi punto no va por ahí. 

Tengo el privilegio de ser docente, de tener cerca a muchachas y muchachos que salieron hace poco del cole. Uno de los ejercicios que toca hacer con uno de los grupos, donde tengo a mi cargo personas entre los 20 y los 23, es hablar sobre la educación sexual, porque sí, es parte de la educación que -buena o mala, con mirada de pecado o de libertad- se tiene a lo largo de la vida. ¿Quién los educó y quién les habló de estas cosas? pregunté hace un par de semanas en clase y la respuesta no distó mucho de la que conoció mi generación. Mientras nosotros lo hablábamos más o menos en secreto y la explorábamos a través del porno -pelis y revistas- y de uno que otro libro de ginecología que un compañero llevaba, estos chicas y chicos se informaron a través de Internet, quizá teniendo acceso así a una información -a veces- más completa pero que no deja de ser impersonal. Los más afortunados tuvieron padres o maestros -curiosamente nunca los de biología- que con poca o mucha pena, les dijeron dos o tres cosas pero que no mencionaron la culpa o la vergüenza como parte de la ecuación. La educación sexual se redujo a los ciclos de la ovulación y del esperma, a la eyaculación y al embarazo y el desarrollo del embrión. También incluía mensajes como "guardarse para la persona indicada" -especialmente dirigido hacia las chicas- y "explorar lo más que pudieran" -dirigido a los chicos-. Ahí paró para la mayoría y fue la propia experiencia la que los llevó a cometer sus errores y a más o menos librarse de las culpas. 

Tengo otro grupo, uno de estudiantes recién salidos del cole, entre los 17 y 19 años con quienes toca hacer mesas redondas y debates. Uno de los temas que salió, luego de que todos se apelmazaran en dos o tres temas que harían desgastantes las mesas redondas, fue el de esta ley. Lo propuso una persona y los demás quedaron con cara de desconcierto a pesar de que se trata de una ley que los involucra directamente. Hice un pequeño sondeo y no, nada, solamente uno de ellos había escuchado hablar sobre el asunto y los demás, no tenían idea de qué iba, ni siquiera de que se estuviera discutiendo la ley en el Congreso. Seguí sondeando, les pregunté quién les había hablado de estos temas y la mayoría refirió que era algo que en el cole se evitaba, que los padres también lo evitaban y que en todo caso, era a través de las iglesias que sabían que no tenían que meterse "en esas cosas". Los más afortunados habían recibido pláticas -a las que los padres autorizaban o no que asistieran- por parte de alguna organización. Acá, se les habló de anticonceptivos, esencialmente y de nuevo sobre ovulación, esperma y embarazo. Ninguno se animó a decir si les habían hablado de erotismo, de masturbación, de identidad sexual o de diversidad sexual. A ninguno de ellos parece que les han hablado del derecho a disfrutar de sus cuerpos como una parte normal del desarrollo. A todos parece que también se les dieron mensajes de guardarse o de disfrutar, según su sexo. 

Una parte de mí, en los últimos días, estaba asustada por el hecho de que esta ley fuera más que nada defendida por adultos -y al menos en mis redes, más por aquellos afines a una ideología de izquierda-. Ahora pienso que parte del obstáculo para encontrar apoyo masivo para estas enmiendas, es que los mismos jóvenes parecen no estar enterados o que quizá ellos mismos reprimen su interés por conocer más de estas enmiendas y de las leyes que garantizan su educación en estos temas, al sentir que pueden ser percibidos por sus pares como libertinos, putas y huecos. 

La educación que recibimos está plagada de la idea de la perfección espiritual que idealmente rechazaría el contacto sexual como parte del culto a dios. También nos transmiten la idea de que el sexo si se disfruta es sucio y pecaminoso, y que su función es esencialmente la de dar hijos al mundo para criarlos con los mismos preceptos con los que fuimos educados. 

No soy madre y algunos me dicen que es por eso que no entiendo, que no logro captar que el peligro está en que los y las muchachas se vean atrapados en los placeres carnales, pero esto acaso ¿no es subestimar a la gente? ¿no es coartar su libre albedrío dado, si se quiere pensar así, por dios? Supongo que para los padres pensar en sus retoños encuerados y gozando ha de ser una imagen que quieren alejar de sus cabezas, pero lo cierto es que la mayoría lo hará en algún momento. 

Me pregunto entonces si ¿los padres de familia consideran que amar a sus hijas e hijos es que se vean atrapados en relaciones que quizá no sean satisfactorias por un embarazo? ¿o que se contagien con alguna ETS? ¿o será que piensan que para los hombres es una ventaja no sentirse responsables de un chicuelo o chicuela que viene en camino porque no quisieron usar condón, porque claro, eso no es de hombres? 

Espero que las enmiendas pasen, pero más que nada, espero que la gente deje de tenerle miedo a sus propios cuerpos, que dejen que sean sus hijos -inteligentes y preparados- los que decidan cuándo y con quién es el momento de experimentar lo sexual, sin miedos, sin culpas, sin el peligro de ser estigmatizados. 

Comentarios

la-filistea ha dicho que…
Es que todo esto se demoniza desde un púlpito. Basta con escuchar las sandeces que gritan por los pastores y de esa forma educan a los padres de familia.

El cantar de los horrores.

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