Disfrutala

Ser una mujer guapa, de esas de tacón alto (que llevan las zapatillas entre la bolsa para descansar los pies de vez en cuando), de esas de minifalda y blusa entallada y con escote, no es una tarea fácil. Menos fácil aún, cuando en lo cotidiano, en la vida de oficina, se está rodeada de pirañas con bocas sonrientes y dientes afilados dispuestos a atacar a fuerza de acoso o de chismes. 

Esta es la realidad de muchas chicas y mujeres que siguiendo sus impulsos estéticos y su necesidad de verse bien, de verse guapas de acuerdo a lo establecido por la cultura (maquillaje, pelo planchado, ropa sexy), tienen que enfrentarse todos los días con esos animales de oficina, que si bien muchas veces nada más ven y fantasean, muchas otras atacan. 

La cultura plantea que esas y aquellas formas de vestir, calzar, andar, maquillarse, etc., son las "necesarias" para ser feliz y creo firmemente que cada mujer tiene el derecho de ponerse lo que quiera y arreglarse cómo mejor le parezca, pero esto es algo que quizá solamente algunas personas tienen claro. No faltan nunca los comentarios del tipo "mirala, si parece una puta" o "esa sólo provocando a los hombres vive" o "mano, si se viste así es porque quiere", comentarios que escuchamos salir de boca de hombres y mujeres por igual. 

Este fin de semana, P. el buen contador de historias, me narró lo siguiente: M. es una chica de estas, linda, delgadita, que usa sus minifalditas y taconones para ir a trabajar. Trabaja en una empresa como secretaria y desde que terminó con el novio que tenía antes, que también trabajaba ahí, las ofertas de sexo, sí de sexo antes que de cualquier otra cosa, no han faltado. ¿A qué se debe que las propuestas sean de este tipo? Pues, desgraciadamente -y esto es para pararle el pelo a cualquiera- se debe a que el ex dijo un montón de cosas sobre ella después de que la relación se acabó y antes de que lo echaran a él de la empresa por malversador de fondos, con la cereza en la punta del helado de también haber sido acusado de acoso por varias trabajadoras y de no querer hacerse responsable por el embarazo de una de ellas. 

No faltará quien diga que las mujeres debemos relajarnos y disfrutar del sexo, y sí, en parte tienen razón, pero no en un medio en el cual luego esos con los que nos acostemos, le anden contando a todo le mundo lo que hacíamos e inventen mil cosas que no hacíamos. Pocas mujeres conozco que no hayan sido objeto de este tipo de cosas. En lo personal me da risa cuando escucho comentarios así sobre mí, porque al final de cuentas la gente que para mi vale le pena, escucha de mis aventurillas de mi propia boca o sabe cuáles son mis límites. Sin embargo, en esta sociedad de trabajo, con tan poco tiempo para conocer, realmente conocer a los otros, la confianza o la complicidad con los amigos/as no son privilegios que muchas se pueden dar, sino que se vive en medio de "cuates/as" y "conocidos/as" y "compañeros/as de trabajo", que a la primera, buscan el chisme fácil, el rumor y el murmullo. 

Así, desde que M. terminó con ese tipo, esos hombres que trabajan en el mismo lugar que ella, comenzaron a enviarle mensajitos o a tratar de toparse con ella en los pasillos para decirle "cómo estás mi amor", "qué hacés este fin de semana, princesa" y cuando ella se negó a aceptar esos avances del tipo "vamos a comer un ceviche y luego a divertirnos por ahí (siendo ahí, un motel)" o "no seás apretada, tomémonos unos tragos", el chambre tremendo y absurdo se armó alrededor de ella. Hombres y mujeres por igual, comenzaron a tacharla de puta y de mojigata, de hacer y esconder, en lugar de alegremente compartir su cuerpo con el primer animal que se lo proponga. 

M. al igual que muchas otras que pasan por este tipo de episodios, prefiere evitar los comentarios ya que una respuesta asertiva de su parte, podría ser tomada como afrenta, sobre todo cuando es el jefe quien le dice "pedí algo del Mc y te venís a comer conmigo a la oficina, nena". La acción contra los chambres es simple y sencillamente el silencio. Ella hace como que no ha escuchado o con una sonrisa incómoda -que le encanta a los acosadores- declina la invitación y sigue con su vida. Esto no significa, por supuesto, que el cúmulo de chismes no le hagan daño y llora en los baños y se queja con P., pero se siente completamente impotente y solamente se pregunta por qué, por qué la tratan así, por qué inventan cosas, porque claro, luego de que ella terminara con el tipo, y luego de que rechazara un sin fin de veces las invitaciones y avances sexuales, muchos en la oficina comenzaron a decir que "la habían puesto así y asá", que ella "les hizo esto o aquello" -claro todo referido a prácticas sexuales-, que en tal evento se acostó con fulano y mengano.

A todo esto hay que sumar que durante los convivios de oficina recién pasados por la navidad y celebraciones como las del día del cariño,  en los que la empresa hace eventos para muchos y entonces viene gente que trabaja en distintos puntos del país, los hombres quisieran tomarse fotos con ella, así como si se tratara de tomarse foto con la mascota de la empresa o con un monumento, por supuesto -y es una lástima no poder reproducir acá las poses más comunes que me mostró P.- en la fotos querían aparecer abrazándola o muy cerquita para luego aumentar los chambres y decir "ahhhh con esta me salió vos, hicimos un montón de cosas, vos..." Ella por supuesto se negó y se encontró con caras largas, malos modos y escuchó voces que la llamaban "putía", "mosca muerta" y demás términos que usan algunos hombres y mujeres para referirse a uno, cuando uno no suelta el cuerpo y se entrega a los placeres de la carne con desconocidos.

Tanto mujeres como hombres tenemos el derecho a decidir con quién compartimos el cuerpo en la cama, el sofá, el piso o donde sea. Es un derecho y nadie debería de tacharnos de mojigatas o mojigatos si no lo queremos hacer con alguien que no nos haga click, que no nos guste lo suficiente como para darnos a la tarea de explorar y dejarse explorar. Pero para que esta forma de entender la relación que uno tiene con su cuerpo, con su sexualidad y con los demás sea una realidad interiorizada, falta mucho tiempo. Yo tuve la suerte de tener una madre con pocos pelos en la lengua, con una buena relación con su cuerpo y con respeto a sus deseos sexuales, y hace ya muchos años me dejó en claro estas ideas y me dijo "es su responsabilidad y su decisión", pero la mayoría de madres aún no se atreven a hablar claramente de sexo con sus hijas, quizá porque ellas mismas no tienen claro que no debería de haber poder divino que obligara a que alguien se acueste con otra persona a base de presiones.

Para rematar la historia, P. que ahora es novio de M. me contó lo siguiente: El jefe y uno de los tipos -cuatazo del jefe- que se jacta de haber practicado el kamasutra avanzado con ella, lo llamaron a la oficina. Le contaron que ya sabían que ellos están "saliendo" y le dijeron "tené cuidado con ese tipo de mujeres vos, son malas, cuando otro se le aparezca, seguro te deja, mirá que es una caliente". P. no dijo nada, sólo escuchó al jefe y vio la sonrisa asquerosa de la morsa que tiene por compañero de trabajo y confidente del mero mero. Ante el silencio de P. el jefe siguió: "dale, cogétela, disfrutala, pero ya verás que es una mala mujer".

Me siento aliviada por no trabajar en una oficina, me siento aliviada de poder -casi siempre- reconocer a los y las pirañas que nadan a mi alrededor, pero me emputa que los hombre sean así y que claro, haya mujeres machistas que le digan a P. o a los novios de esas chicas lindas, que ellas, por vestirse así, maquillarse de esta forma, tirar el cabello hacia atrás de tal manera, son putas.






Comentarios

Lourdes Curruchiche ha dicho que…
Ola Denise, Soy Lourdes de Antropologia. A saber si me recordas mujer pero te felicito por lo que escribis, especialmente este articulo me gustó mucho, es realmente cierto, a veces los hombres son los más chismosos. Te lo dice una mujer que trabaja con mas de 150 hombres a su alrededor, OJO. solo yo mujer...
Cuidate vos, segui espresando eso que muchas no lo hacemos, por falta de tiempo, ganas, el sistema tan demandante, etc.
Denise Phé-Funchal ha dicho que…
Hola Lourdes! claro que me acuerdo y muchas gracias por tus palabras! Abrazos!!

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