Sin comida, sin café y sin azúcar

Hay historias que no sabe uno si en algún momento irán a parar en un cuento, o si simplemente se convertirán en una de esas que lo que permiten, más que nada, es describir al humano y su mezquindad.

Me contaba un amigo esta tarde que en la empresa en la que trabaja, y en la que les toca hacer turnos de madrugada o quedarse hasta entrada la noche, han decidido -los jefes de departamento, no como política de la empresa- recortar los fondos para que en prolongaciones de jornada, se les dé desayuno o cena. 

Por el ritmo que llevaba la historia y por lo que conozco ya de estos personajes a través de las largas pláticas, le preguntaba que dónde diablos está el germen de la rebeldía y le pregunté -oh, ingenua de mí- por qué creía él que estos bestias le estaban ahorrando una lana a la empresa, que es una de esas grandes y transnacionales, en lugar de estar procurando que los de abajo, entre los cuales están los jefes de departamento, tengan mejores condiciones laborales. Sí, sí, ingenuo de mi parte. Lo que siguió a mi pregunta no deja de sorprenderme y es bastante macabro, en un sentido muy cotidiano, es... muy cotidianamente macabro. 

Como en todo lugar de trabajo, se forman grupos, grupos que se asocian para pedir y permitirse algunas cosas, unas dentro del orden y las reglas de las empresas, otras creadas por ellos mismos. Foucault sería feliz de estudiar las relaciones de poder ahí, en esos mini círculos en los que al final se reproduce lo podrido -o normal- del sistema. Según mi amigo, la cabeza del departamento está compuesta por dos, uno que lleva ya un tiempo de estar ahí y otro que ha ascendido por ceder a las peticiones del primero, lo que le ha ganado algunos privilegios. Bajo estos dos, se encuentra un equipo, del cual forma parte mi cuaz, que me explicaba cómo funcionan las relaciones para luego contarme en qué se va la plata de los desayunos y las cenas. 

El departamento, aunque convive y comparte espacio con otros sectores de la empresa, es independiente por lo que los jefes han fundado un pequeño feudo en el que a cambio de favorcitos, que van desde ir a pagarle la tarjeta de crédito hasta ir a recoger a los hijos al colegio y llevarlos a la casa, algunos empleados han podido obtener beneficios como comprar productos a menor precio, tener un día libre, un margen mayor de viáticos y, especialmente, participar de pequeños negocios que les aportan dinero o cosas, cositas, de esas cositas bonitas que brillan y son de colores. 

Una vez, llegó una ejecutiva de ventas de otra fracción de la misma empresa que se dedica a vender insumos a sus mismas sedes y a otros negocios, a ofrecer un lote de productos. La mujer como la describe mi cuaz, era una belleza, muy bien producida, vestida de manera adecuadamente sexy para que el jefe no tuviera mayores dudas al conocer los términos del negocio que resultó, no sé si muy, pero sí medio provechoso para algunos, al menos para la mujer, el jefe y algún otro u otros que habrán facilitado la transacción, que como es fácil imaginar, consistió en la compra-venta de un lote de 400 artefactos, de mala calidad, sobre valorados (por ahí de 50 Q a 175Q cada uno) y que fueron facturados como otros artículos que, hay que recordar, se movían dentro de la misma empresa, de un departamento a otro bajo el rubro de "servicios". En este caso, la plata para el negocio no venía de la comida de los empleados, sino de los gastos internos y normales para el departamento. Lo que ganaron los involucrados fue la diferencia entre el costo real y el facturado. Unos miles para cada uno. 

Luego de esto, y para contarme el destino de la plata de las comidas, el primero desde que recortaron el gasto, me cuenta este cuate que a él lo propusieron para ser "team leader" y lo invitaron a una reunión de un grupo interno, institucionalizado, que lleva como nombre algo como Comité de Acciones Correctivas -CAC-. Macabro nombre, ¿no? 

La CAC tiene como objetivo, como su nombre lo dice, "corregir" a los empleados, lo que en papel supone llamadas de atención y supervisión, pero que en la práctica se traduce en la maquinación de mecanismos para someter, humillar y explotar a los que tienen la mala fortuna de estar bajo su mando. En la reunión, le dijeron que ellos lo iban a llevar a otro nivel, a uno que le permitiría estar mejor que los otros, lo que se traduce en ejercer poder sobre los demás, los no privilegiados, y seguramente ser, en algún momento, parte de los negocios. Mi amigo preguntó qué cómo así, que por qué hablaban de los otros, que no que se suponía, como dicen en la reuniones de equipo, que todos son lo mismo y que el bien para uno, es el bien para todos. Jaque y no lo volvieron a invitar a las reuniones del CAC, ni lo consideran para los negocitos. Mejor dice él, y yo estoy de acuerdo, sobre todo después de que me contara el destino de la plata de la comida. 

A uno de los empleados, aunque no miembro del CAC, le regalaron un Sony Galaxy con una letra y un número que no recuerdo, y que según dicen es lo máximo de la tecnología. El regalito hizo que este chavo tuviera el mejor celular de la empresa, lo que por supuesto despertó la envidia y las ganas de tener uno de los jefes y miembros del CAC, especialmente del que dentro de la empresa tiene el puesto más alto del departamento y que, por lo tanto, es el más abusivo y aprovechado de todos, el que "sale ganando más". 

Además de quitar los desayunos o cenas para cuando les toca quedarse trabajando tarde o súper tarde, se recortaron los viáticos. Los gastos de viajes de trabajo, sólo para que nos acordemos de eso, deben ser justificados con facturas, así que es necesario conseguir lugares en los que las den. Es decir, uno no puede comer en el mercado porque no le darán factura, ni en comedorcitos caseros, no, no, es necesario que uno coma en un restaurante dos que tres para que le den el papelito que permitirá demostrar que uno no se gasta así como así, la plata de la empresa. Esta gente, aunque sí da dinero para los viajes, ha decidido bajar la cuota de 25 a 20 quetzales por desayuno, de 35 a 25 por almuerzo y/o cena. Así, mendigando, migajeando. pichicateando los lenes, para ahorrar acá y allá. Además, me dice y me duele creerlo, aunque sé que es cierto, quitaron el café y el azúcar de la oficina. Juntando lenes, mezquinos lenes, centavitos, estos mierdas comprarán, para los cinco miembros del CAC, un Sony Galaxy con letra y número que no recuerdo, y por supuesto los facturarán como "servicios".

Aunque quizá para algunos, los del CAC parezcan "cabrones", "listos" y crean que están, tal como ellos dicen, en una posición privilegiada, como todo en la vida, tiene su "catch", al menos para cuatro de los cinco miembros del Comité, que se encuentran bajo el mando y capricho del que gana más, del mero, mero, del que se lleva la mejor parte. En el caso de los celulares, la trampa es que los teléfonos están sincronizados, lo que según mi cuaz significa que, si uno de ellos, especialmente el jefe, manda un correo, un mensaje, los otros tienen la obligación de contestar. Y claro, aunque los cuatro tengan a su vez el chance de manipular y explotar a los otros -sus iguales según la empresa, pero los esclavos según la jerarquía práctica-, ellos son explotados, altamente explotados por el jefe que si quiere los tiene ahí, en la oficina, trabajando hasta las cinco de la mañana, o les pide que hagan trabajo extra, o que vayan por los niños, o que lleven al perro de uno de los ejecutivos al veterinario. Sirvientes. Y bueno, sí, el que es el mero del CAC, recibe ese y otro tipo de órdenes de los otros, los jefes de sección, a nivel de los cuales seguramente se da algo parecido. 

-¿Y qué piensan los otros, los que como vos no son miembros del CAC? -le pregunté a mi amigo y la respuesta, al menos parte de ella, me duele, la otra parte me asquea. 

Los otros, o se hacen la bestia por necesidad o aspiran a ser sirvientes, miembros. Uno, me cuenta, estaba feliz hoy porque lo habían mandado a dejar la camioneta blindada de uno de los jefes de más alto nivel. Mi amigo le preguntó que si estaba feliz de ser sirviente. El chavo evadió la pregunta y siguió: "vieras qué chilera, así toda blindada y grandota, con equipote de sonido y televisión".



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Si tan linda Guate...!

Las relaciones de casi servidumbre - clientelismo, los hueveos, el CAC,las jerarquías, el conformismo... montón de cosas que hacen pensar en lo que algunos han llamado "cultura finquera", sólo que trasladada a las empresas "modernas" de la ciudad.

Me llega, como todo lo que he leído en su blog. Gracias por compartir!
Denise Phé-Funchal ha dicho que…
Sí, se reproducen los sistemas y al humano le ganan las ganas de tener... gracias por pasar

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