Intestados

Uno de los fenómenos que me interesaría estudiar, si me alcanza la vida claro, es el de los testamentos, bueno, más bien de la falta de testamentos en este país. Es quizá la pobreza casi generalizada la que no permite que en el imaginario se plantee la cuestión de redactar un testamento, de decidir a quién se dejará tal o cual cosa, así sea alguna propiedad o se trate de cosas más sencillas como ropa, muebles, algunas joyas de fantasía e incluso animales domésticos...

En el Diario de Centro América, la sección de edictos está dividida entre aquellos que se cambian el nombre -maravilloso carnaval-, cierres de empresas en el registro mercantil, identificaciones de terceros y procesos de intestados, siendo estos últimos relativamente numerosos, ocupando por ahí del 30 al 40% del espacio que se destina a los edictos.

Hablaba hoy con el buen Luis, un amigo abogado que ha trabajado como notario en diferentes lugares del interior. A pesar de que tengo poco más de un año siguiéndole la pista a estos temas, y a pesar que tengo ya un rato de conocerlo, jamás se me había ocurrido preguntarle qué onda con los intestados, ya que en la imaginación no puedo más que disfrutar los líos en los que creo que se mete la gente por lo que dejan los muertos. ¿Cómo nos repartimos las cosas? ¿qué se dirá para justificar que tal o cual cosa le pertenece a alguien porque el muerto así lo quería? ¿qué pleitos y rupturas se darán por cosas grandes y pequeñas?

Quizá porque hoy tuve un poco más de tiempo para sentarme a disfrutar de los edictos, tenía el tema en la cabeza cuando Luis se apersonó para saludar, y pasamos un buen par de horas hablando de ese y otros temas. Según me contaba, le ha tocado presenciar casos en los que se disputan la herencia los hijos de varios matrimonios, algunos en los que aparecen mujeres e hijos de los cuales la familia "original" o legal no tenía ni idea que existían, así de a telenovela de mara que se aparece en el velorio o llegan directamente a la casa diciendo el difunto me dejó esto o aquello, lo hablamos, etc.. Claro que los casos más gruesos, que llegan incluso a la violencia y a la muerte, son en los que hay de por medio alguna propiedad. Pero me contaba por ejemplo, de un caso en el que el pleito fue por el joyero de la mamá... y no, no eran joyas de oro y plata pura, eran chapeadas y muchas de fantasía, lo que el buen Luis percibió bajo esto era una rivalidad entre hermanas de quizá muchos años. El lío era solamente ese pues el papá seguía vivo y los muebles y demás no se lo pelearon, tampoco la ropa de la señora que según cuenta mi amigo, era un poco entrada en carnes mientras que sus hijas eran "espigaditas"... dado el vergoloteo que se armó y pues como el papá no estaba muerto, se decidió que sería él quien en su testamento dividiría las joyas. A los pocos meses, el señor volvió a casarse, así que la chapeada y fantasiosa herencia quizá quedará al fin de cuentas en manos de la segunda esposa. ¿Habrá redactado el testamento?

Otro de los casos curiosos, pues no-curiosos (en su experiencia) son la mayoría, fue un pleito por un perro. Canelo, así se llamaba el canino, pertenecía a un chavo que fue asesinado en un rollo de cantina. Los padres, separados desde hace años, se disputaron entonces al perro. Según Luis, este caso contó con más de 10 edictos para reunión de herederos y no llegaban a ningún acuerdo, se discutía que si la mamá le compraba los huesos en el mercado, que si el papá lo había bañado un 20% más de veces que la mamá, que entonces rebatía que ella había recogido la caca del perro, y el papá decía que era paja porque Canelo cagaba en el patio. Como en el caso de las joyas, existían antecedentes de pleitos más personales entre los herederos, claro que los dos alegaban, como habían alegado las hermanas del caso anterior, que el muerto habría querido que... que si lo habían soñado encargándoles joyas o perro, que si en algún momento y sin testigos, el tema había sido discutido. Finalmente, el abogado con el que trabajaba el buen Luis decidió una custodia compartida a la cual los papás accedieron y ¡oh! románticamente, en el intercambio del perro los señores volvieron a hacerse ojitos y zaz que se pasaron a vivir juntos. De ahí que en el pueblo se dijera que el hijo "los había unido después de su muerte" y se especulaba que el divorcio de los padres era lo que lo hacía chupar y que así se había cumplido su voluntad, que si los papás no se hubieran separado el chavo seguiría vivo, etc., etc.. total que Canelo fue el instrumento para reunirlos.

Habría en todo caso que comparar la falta de testamentos en un país como este con aquellos más democráticos o donde la adquisición de bienes sea menos complicada, para ver si se trata de una cuestión eminentemente económica o si intervienen en ésta otros factores como la relación personal y social con la idea de la muerte... las sociedades en las que la muerte es vecina y acompañante cotidiana quizá presenten una mayor resistencia a la idea de la mortalidad. O quizá habría que analizar la idea de previsión y deseo de asegurar a la familia que es socialmente fomentado en los potenciales muertos en diferentes países. O quizá sea una cosa más de historia por lo que sería necesario revisar archivos legales, seguro algunos casos se encontrarán registrados y podrían decirnos cómo en diferentes países se ha generado -o no- cierto conflicto social a causa de las muertes intestadas y los líos familiares alrededor de éstos... en fin, delicioso tema.

Comentarios

Miss Trudy ha dicho que…
Interesante. Ya me dejaste en que pensar.
Denise Phé-Funchal ha dicho que…
jeje, sí!!! es para escarbar y escarbar :)

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