Un día en el cementerio

Si hay algo que realmente amo en este mundo es ir a un cementerio, más cuando se trata de cementerios con tumbas viejas, grandes ángeles y mausoleos abandonados, abiertos y que en la esquina de los callejones se esconden dispuestos a aparecer y provocar escalofríos.

Ayer estuve en el cementerio general ayudando a buscar un acta de inhumación de 1890´s sin fecha específica, en libros centenarios (el cementerio general se inauguró en 1881, como pueden ver en la foto de abajo y leer acá).


He de confesar que para mi decepción la búsqueda fue más corta de lo que pensé. Había imaginado un día entero –al menos- entre libros viejos y enormes… pero poca gente -en términos actuales- moría en esa época y la búsqueda llevó algo así como una hora.

Además imaginaba un archivo con aroma a madera, con libros viejos, viejas lámparas de escritorio y un escritorio laaaaargo con sillas obscuras y estiladas. Pero nada de eso, el estado del archivo del cementerio general es desastroso, lamentable.

Bajo un techo de lámina, un montón de libreras de metal, los libros en orden pero sin ninguna protección; fichas y papelería, libros de contabilidad; paquetes y paquetes unos sobre otros, recibiendo el polvo, amenazados en cada época de lluvia por la humedad…auuchh, me duele el estómago de pensar que están en constante deterioro y en evidente abandono, un archivo de curiosidades como el cambios en los nombres (de llamarse Rosario Magdalena Victoria del Pilar o Luis José Plutarco a llamarse Yenifer Iloveny o Brandon Jordan); procesos de migración; aparición de enfermedades; muertes por violencia; estudios de grafología; soltería de las madres, buscar registros de muertes por amor, suicidios…. Pero los libros se están deshaciendo, empolvando, la tinta comienza a desaparecer, hay solamente una persona encargada de todo, que evidentemente -y a pesar de estar consciente de la necesidad de proteger los archivos- no cuenta con el equipo necesario para conservar, mucho menos para digitalizar el archivo, una verdadera lástima.



Luego de encontrar la partida de inhumación, hubo que pasar a una caja a pagar el trámite para que entreguen una constancia en 8 a 10 días hábiles. Allí, mientras mi acompañante buscaba los datos de su mausoleo familiar, conocí a un chavito de 12 años que hacía un trámite para la funeraria de su papá y que me contó que a veces ayuda a preparar cuerpos… me encanta la idea de tener una funeraria… José –el niño- firmó la boleta y se fue. Entonces noté un par de calendarios que me parecen realmente divertidos (clik en las fotos para verlas mejor):






Lástima, no tenían uno para mí. :)

Comentarios

Vanessa ha dicho que…
Qué mala onda que estén tan abandonados... cuánta cosa va a quedar perdida... pero así somos: sin memoria histórica, y por ello condenados a repetir y repetir.
Están buenos los calendarios, sobre todo el que dice: "Y le deseamos feliz navidad"... ta jodido eso de trabajar con la muerte. Gracias por traernos tus impresiones.
Denise Phé-Funchal ha dicho que…
Si vos, se pierde una buena parte de la historia, creo que es deber de la municipalidad, pero ya ves que a estos sólo les interesa el maquillaje de las cosas.
A mi lo que me caga de la risa de los calendarios es lo que dice "Dios estará con ustedes siempre"... a ver si pa´l día de muertos vamos.
Andromeda ha dicho que…
! Ala ! que buen paseo por estos "archivos muertos"

Como es de vuestro conocimiento trabajo desde hace años con varias instituciones de gobierno y pues qué te cuento, los archivos "jóvenes" están en peores condiciones.

Es que a casi nadie le importa ya la historia, menos a estas generaciones con nombres Jonatan Alexander o Heidy Yuleisy, que están más entusiasmados con spiderman 3.
Pips ha dicho que…
En definitiva a mi el que me gusta es el primero de los calendarios. No solo por la sobriedad, el rojo y el negro sobre el blanco -puede haber colores más fieles a la muerte? pero sobretodo la dirección de la fune "Frente a maternidad del HSJD". Si hubieran querido hacerla fina, no les sale!
Denise Phé-Funchal ha dicho que…
Quizá una de las cosas que más me divirtió de ese calendario fue precisamente la dirección de la funeraria, y sí, le rouge et le noir, los colores de la muerte. Gracias por pasar hermanillo. :)

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