Sin culpa



Está en las escaleras. Su jadeo ocupa el aire, los rincones. Resopla y su mirada lo atraviesa todo. No puedo moverme. A veces solloza frente a la puerta. Espera. Escucha. Intenta percibir un movimiento para gritar tras él y desgastarme los tímpanos de a poquito. Despacio, suelta fibra por fibra hasta arrebatarme el oído.
Los árboles cubrieron las ventanas. Las ramas amenazaron a los vidrios. Los vidrios se retrajeron y formaron capullos cada vez más grandes, más largos, más frágiles que acabarán por estallar y dejar entrar las ramas que seguirán creciendo hasta atravesar la casa como alfiletero.
Está afuera y yo en posición fetal sobre la alfombra, termino el libro que tenía entre las manos, seco, bebo mis líquidos y el juguillo de los insectos. Está afuera, atrás de la cerradura. Espera. Espera que salga. Espera que compre la última mermelada de menta hecha en casa.
Tocaba el timbre todos los domingos a la misma hora y todos los domingos estaba dispuesta a insistir hasta hacerme desesperar. Sin ganas dejaba mi libro a un lado, bajaba una a una las escaleras esperando en vano que se fuera, que el timbre cesara, tomaba la plata sobre el mueble de la entrada, le sacaba la lengua tras la puerta y abría despacio para encontrar, en medio de las ojeras, la mirada que se había vuelto demandante, llena de rabia y que me obligaba a coleccionar mermeladas de menta.
Ese domingo no abrí. No abrí porque no quería, no abrí porque no quedaba un espacio en los armarios y las alacenas, porque estaba harto de ceder. Todo el barrio lo decía, decía que el vestido que casi le cubría todas las piernas, las calcetas cortas y las mangas demasiado chicas, eran así a propósito. Decían que a veces se percibía aroma a maquillaje, que los colores de la piel no variaban, que él no era tan malo, que a ella no le divertía. Opinaban que estaba bien que la chica conociera de responsabilidades, que aportara a la familia. Corría el rumor de que era la televisión la que gritaba por las noches. Pero todos cedíamos. Coleccionábamos mermeladas de menta para ahorrarnos, al menos el domingo, los gritos, el estallido de loza y del vidrio sobre las paredes, su llanto casi imperceptible que sobrevolaba el barrio.
Al escuchar sus pasos sobre la acera subí el volumen del tocadiscos, me refugié en un libro y en el sofá. Dejé que la música me colmara. Dormí profundo, como si una nueva mermelada de menta ocupara un lugar en las alacenas. Podía romper el timbre si quería. Para mí era domingo por la noche. No escuché nada, ni las piedrecillas que solía tirar a mi ventana, ni su voz aguda llamándome. El disco sonaba. Yo dormía. No escuché la loza quebrase al otro lado de la calle, no escuché los gritos, los golpes secos, ni el llanto. Tampoco escuché el silencio. Dormí hasta que la música se detuvo. Dormí hasta que los árboles crecieron, las paredes crujieron, se hincharon, encogieron mi espacio, comprimieron las cerraduras; hasta que el techo me cercó y los vidrios formaron capullos alrededor de las ramas que los empujaban. Nadie me escuchó gritar.
Creo que es domingo, quizá martes. Tengo los ojos secos, ha pasado de la puerta de casa. Hace algunos días que sube y baja las gradas, se detiene frente a la puerta, resopla y con ella pareciera que respiran los capullos y las paredes que amenazan mi carne, que siguen creciendo, jugando a no tocarse. Espero que pronto no quepa ni el aire. Ella llora. Yo estoy seco y no puedo moverme, no quiero moverme. Me ofrece mermelada de menta. Me pide que salga, baja las gradas, toca el timbre una y otra vez, una y otra vez, sube corriendo y toca a la puerta del estudio, intenta abrirla pero está con llave. Ríe y dice que podría entrar, pero que el espacio es muy pequeño, cada vez más pequeño, que pronto no cabré y tendré que salir. Tararea la melodía de mi disco. Espera, ríe, ofrece de nuevo mermelada, de nuevo mermelada, de nuevo. La tuya será peor que la mía, dice.
Hay capullos a punto de estallar en mi espalda, en mi costado, en las piernas. Seguirán creciendo.



Comentarios

Vanessa ha dicho que…
Qué bueno que sólo sea un cuento pues... ahí nos hablamos mañana. Un abrazo.
Denise Phé Funchal ha dicho que…
Ahhh si a ver si vemos unas procesiones... habalmos!
Vanessa ha dicho que…
Me habría gustado, pero verás que este oficio de madre es full time y sin asuetos de ley. Gracias de todas formas por la invitación. Ahhh y ya fui a ver el Jack Daniel´s, me lo he tomado bien en serio para el viernes, qué conste!

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