Elecciones

Las primeras elecciones de las que tengo memoria son las de 1985. En los años anteriores el gobierno y la autoridad eran, en mi cabeza de niña, señores vestidos de verde, con botas, armas y algunas veces con brazaletes negros con letras blancas en uno de los brazos. Era común escuchar bombazos, disparos y tener que correr a la cocina a buscar una servilleta con vinagre para evitar los efectos del gas del llanto. Era común escuchar en la televisión y la radio una tonada de marimba que recuerdo, pero cuyo nombre ignoro, que anunciaba que en unos minutos se escucharía el himno y un mensaje del presidente.

Los primeros mensajes presidenciales que recuerdo incluían un montón de alusiones a dios, a lo bueno, a la paz... pero algunas imágenes de los diarios que me saltan a la memoria, las bombas, los disparos, lo que se escuchaba por ahí en murmullos, contradecían lo que este hombre, de bigote y vestido verde, decía sobre lo bueno, sobre lo necesario para vivir en paz. Recuerdo que en casa reían del discurso de este tipo que hablaba de dios y ahora me pregunto si esa risa sería solamente una risa nerviosa.

Mi hermano y yo aprendimos a reírnos de este hombre, y de los siguientes. Mamá dejaba que mientras él hablaba, le quitáramos el audio a la vieja tele de la abuela y pusiéramos canciones en la radio. Parecía que cantaba, su bigote se movía al ritmo de rock o salsa, de cumbia o Enrique y Ana. Marcelo y yo reíamos y mamá escuchaba el discurso en la cocina. Pero no siempre era así. A veces nos tocaba verlo y escucharlo. A veces el ambiente era muy serio más allá de la cocina. A veces este hombre gritaba, prometía sangre contras los delincuentes, contra los malos, sólo contra los malos... y todos saltábamos de susto con sus gritos. Me daba más miedo que muchos de los franceses gritones que me regañaban en el cole. Ahora escucho no a uno, si no a varios candidatos gritar o casi, como lo hacía este señor. Prometen tomar a dios en cuenta en sus gobiernos, prometen seguridad, prometen sangre, prometen justicia, prometen... lo prometen vestidos de diferentes colores y me hacen pensar en esta estrofa del himno nacional, versión original:

Que tus hijos valientes y altivos
El torrente de sangre que humea
Ven con gozo en la ruda pelea,
Del acero al vibrante chocar

Criminales. Eso es lo que nos han enseñado que es necesario para la paz. Que hay que aniquilar a los enemigos del Estado, que son los enemigos del pueblo. Hace 25, 30, 35, 40, 45, 50, 55, 60, 65, 70, 75 años, esos enemigos fueron chavos y adultos que buscaban algo distinto, que buscaban bases para cambiar el despelote injusto en el que hemos forjado -o nos han forjado- una historia.

Orden y seguridad, paz y tranquilidad han sido siempre sinónimo de represión y de miedo. Quién no ha escuchado a algunos que quedan de la dictadura de Ubico, incluso de Estrada Cabrera, que hablan de la tranquilidad en la que se vivía en la ciudad, de la falta de conflictos sociales. Y ahora como pueblo, pedimos eso, control, cámaras en las calles, escuchas telefónicas, refuerzo de las fuerzas armadas, armas para el control del narcotráfico, pena de muerte. Quizá sería coherente, al menos nos haría menos doble moral, readoptar el viejo himno nacional.

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