El profeta


En diciembre que estuvo mi tía por Guate, tuvimos un torbellino de papeles y recuerdos, entre los que apareció un cuento, quizá el último que escribí antes de dejar de hacerlo por unos años. El profeta, ganó en el año de 1993 (ucha hace mucho) el tercer lugar en el concurso Jóvenes que Escriben de la Fundación Paiz, así que acá va, tal cual aparece en el librito, con todas las torpezas del mundo...seguramente los chapines sabrán quién inspiró el cuento:

Por el gesto duro de su cara parecía ser un hombre de mucho carácter, aunque la curva de sus labios y la línea de su tórax más bien parecieran las de un cerdo. Sí, daba la impresión de tener más de animal que de humano. Cuando nació, la madre, el padre y toda la familia tuvieron un susto tremendo, porque en el hospital se corrió la noticia de que un pequeño puerco se encontraba en las sala de incubadoras entre los recién nacidos. Las enfermeras decían primer escrito no había sido eso, sino una repetido ¡OINK! Pero después de todo llegó la tranquilidad a sus progenitores y a sus parientes, cuando vieron que no tenía cuatro patas y que, si efectivamente tenía rasgos porcinos, con el tiempo iría cambiando y reduciendo el parecido con un marrano.
Como su familia tenía buena posición económica, fue creciendo entre cuidados y buen trato. La madre lo consentía tremendamente. El padre lo mismo. Como era el menor de los hijos, la familia lo colmaba de regalos y tanto en la infancia como en la adolescencia, fue siempre muy mimado.
Al llegar a la mayoría de edad, se dio cuenta de que el motivo de que sus compañeros le llamaran "Coche", se relacionaba directamente con su apariencia y no con los buenos automóviles que su familia poseía. Eso lo hizo duro, malencarado y al principio un poco aislado de los demás.
Su padre se había convertido de mercader en político y tenía ambiciones de llegar a gobernar su país algún día. Enseñaba a sus hijos el arte de decir mentiras, convencido de que se dice la verdad, el arte de dar la impresión de que lo que no existe es real, el arte de manejar si fueran propios, los deseos, las angustias y las alegrías y no son de uno y principalmente, el arte de la compraventa en todo sentido.

De todos los hijos de ese padre tan delicado a las artes, el único que quiso seguir sus pasos fue él, cuyo sobrenombre de "Coche", en la universidad se transformó en el de "Profeta", por sus claras inclinaciones religiosas. Su carrera de ingeniería fue por unos años, aparte del servicio a la Divinidad convirtiendo hermanos, el centro de su vida.
Después, ya completamente saturado con la experiencia religiosa, se dedicó de lleno al arte de la política. El Profeta, sentíase sinceramente llamado por Dios para un gran camino de luz y esperanza, para ser un dulce pastor de sus ovejas. Ser pastor y al mismo tiempo gobernar su país. En esas grandes y serias ideas centró su pensamiento y todas sus acciones. Pero primero tenía que dar la impresión de ser muy honesto, muy limpio y muy inteligente.

Ya metido de lleno en la religión, se enamoró de alguien como él. Alguien que lo comprendía y compartía sus ambiciones y sus creencias. Hicieron el matrimonio ideal. Se intercambiaban máscaras casi todo el tiempo. Tenía un verdadero almacén de caretas y caras completas. Eso era lo esencial, saber cuándo y ante quién utilizarlas. Muchas veces diríase que él era ella o que ella era él. La identificación de uno con el otro era perfecta.
Un día decidió formar un club político que lo pudiera lanzar al mundo de la competencia de ideas de salvación de su pueblo. Este club tenía como emblema un pájaro purpurino, común y corriente, que encerraba el sentido del aleteo constante y del canto mañanero, es decir moverse lo más intensa y velozmente en todos los campos, llenando de voces el ambiente para crear una buena pantalla y aprovecharse de todo lo que se le pusiera enfrente desde el mero principio de las cosas y los hechos.
Y el pájaro tempranero cantó bien, cantó hasta quedarse sin resuello. Porque lanzado a la política por su propio club de mercaderes y profetas minimizados ante él, el ex "Coche", ya profeta, tuvo como por un juego de la buena suerte, la maravillosa oportunidad de convertirse en lo que tanto había deseado: gobernante de su país.
Se había pulido en cuanto a sacar ventaja de todo lo que encontrara. Estaba preparado. Además no era él quien se había preparado sólo. Era Dios, es el gran Dios que lo había escogido a él para dirigir el destino de sus compatriotas. Tenía un gran futuro que recorrer. Los sueños y las enseñanzas de su padre se cumplirían.


Comenzó la gran carrera. Al cumplirse los primeros tres días de estar en el poder y pasar la embriaguez del júbilo y las grandes emociones, se dio cuenta por primera vez que tenía ciertas manías. Gustos que aún no conocía, ansiedad por cosas insospechadas en su persona. Sólo Dios podría ser quien se le inspiraba. Manías, gustos o ansiedades, todo venía de Dios. Entre esas nuevas facetas su personalidad estaba la de asentarse materialmente, adquirir, adquirir lo más pronto posible, tierra, sitios, propiedades, todo por el bien de Dios y él cómo su "Profeta". Y estaba la de pasarse un buen rato contemplándose en el espejo, la danza sobre alfileres, las acrobacias sin red de seguridad, la actuación de las masas, el deporte refinado a caballo, muy del estilo inglés y tantas estupendas necesidades venidas del soplo divino.

Un predestinado como él tenía que satisfacer los deseos del Ser Supremo. No podía fallarle. Todos sabían lo que había en lo profundo de su corazón -pensaba-. Todos sabían que él era un hombre de buena fe. Un hombre recto. Un hombre de visión panorámica para levantar a su tierra.

La tierra a la que el Señor había concedido el honor de que en ella se diera alguien como él.

Pasaron dos años en los que cumplió con todo lo que su Dios le dictaba. Dos años en los que aquellos gustos, manías y ansiedades recién descubiertos fueron exigiendo que satisfechos con más y más fuerza cada día hasta acumularse en cientos de propiedades, danzas más y más perfectas, acrobacias más peligrosas, más horas ante el espejo, más calidad en la actuación, gran experiencia en el deporte y el convencimiento de que su pueblo lo adoraba y en su interior aprobaba todas sus acciones. ¡Qué vida tan fructífera!
Todo iba perfectamente, según los designios de Dios, cuando una madrugada tuvo la horrible pesadilla deber ser despojado de todo lo que había acumulado, maltratado, insultado, escupido, arrojado de su puesto y expulsado del país. Despertó sudando a chorros. De rodillas suplicó al Señor que no permitiera que esas pesadillas rondaran su sueño. De pronto la puerta de su dormitorio se abrió con un golpe seco. Diez oficiales del ejército en uniforme de gala irrumpieron en la habitación: Vamos Profeta, levántese. Tiene que irse inmediatamente al extranjero. Vístase y apresúrese, queda muy poco tiempo. Así lo quiere el altísimo. Y el profeta con los ojos llenos de lágrimas repitió: Sí, así lo quiere el Señor.

Comentarios

Mundo Paralelo ha dicho que…
Felicidades por el premio Denise, me pareció muy profético tu relato, espero que esta vez no se cumpla en nuestra tierra.
Anónimo ha dicho que…
buen cuento
José ha dicho que…
Hola linda, me alegra mucho saber que la pasaste super bien con Rafael y tus amigos, algo le pasa a mi mail, puedo ver los mensajes pero no logro contestar, un virus creo. Me encanta la foto en el blog de Vanesa. Espero encontrarte pronto en el msn, me hacés falta. Un beso.
José ha dicho que…
Ahhh me he cagado de la risa, lo que recuerdo del succeso es un par de días libres en el colegio. Otro beso.
Anónimo ha dicho que…
Guau! es un súper cuento. Realmente merecedor del premio.

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