Una vez más mi brocoli estará por estas tierras, imposible sacarme esta rola de la cabeza, reemplazando claro, el coro por alguien ya viene a Guateeee.....
Nunca sé exactamente cuándo fue. Aún no tengo el valor para volver al diario de esos días y corroborar la fecha. Pasaron ya –o en un par de días- 15 años y todavía la siento caminando por allí, hablando con las plantas, tomando el sol con enormes lentes, parada junto a la librera o pintando tirada en el piso. La extraño y creo que es de esas sensaciones de vacío que nunca pasan. A veces cuando el insomnio me atrapa, me gustaría volver a ser pequeña, despertar para ir al cole, dejar que lo bañaran, vistieran, alimentaran a uno, pasar de nuevo el calvario escolar, pero volver a tomar su mano para ir a la parada del bus. Caminar a las 5 y media de la mañana por el centro casi vacío, con algunas carretas de chicles arrastrándose a lo lejos. Caminábamos seis cuadras, hasta la esquina de la 3ra y 4ta y ella nos contaba historias, nos hablaba de las costumbres de los mendigos, de la señora loca que de nuevo se había escapado del asilo y que las monjas llegaban a traer cada cierto tiempo a la...
Me gusta la navidad, me gusta en el sentido gris del asunto. Me gusta la gente que se pone como loca. Me gusta que en esta época se está más cerca que nunca, en el pinche mundo occidental, de la idea de que la plata es la felicidad. Me gusta ver cómo la gente consume y los días antes de la navidad los locales de mercado, pacas, centros comerciales, tiendas de 9.99 se llenan, rebosan de clientes los lugares y de plata los bolsillos de los dueños. Me gusta esta manifestación de humanidad extrema, de esta humanidad que le teme a la muerte y que se llena hasta los codos de comida y de regalos. Me gusta ver cómo se preparan las fiestas, cómo la gente pasa de momentos de chinga y de alegría, de risas, a esas manifestaciones de agresividad descontrolada. Cómo se manifiesta la abnegación materna en las comidas, en la preparación de la casa y cómo el alcohol controla todo, absolutamente todo en esta época. Me gusta la gente que hace “amigo secreto” en la oficina y el límite de 50 pesos como t...
Tengo, desde hace semanas, algo entre pecho y espalda. No soy del tipo de persona que puede callarse las cosas, menos cuando se trata de una de esas cosas que se convierten en una mosca -trágica, divertida, didáctica, pero mosca al fin-. El año pasado Raúl Figueroa me pidió que fuera jurado para el Concurso de Letras BAM. Acepté, feliz de la vida y cuando llegó la caja de libros, fue como navidad. Siempre es refrescante, hermoso, inesperado encontrarse con buenas historias y esa era mi expectativa. He de mencionar, antes de seguir, que no nos fueron entregados todos los libros que fueron sometidos a concurso, las razones fueron sencillamente técnicas: sobre de plica abierto, nombre real bajo el pseudónimo en el sobre, no llegaba al número de páginas, eran poemarios o novelas, así, por tecnicismos que garantizaban que las bases del concurso se cumplieran, algunos de estos no llegaron y no tengo parámetro para evaluarlos, tampoco sé decir cuántos fueron los que no lle...
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