y una más de Mayra.... esto de la foto del que toma la foto me recuerda a la llama que llama...
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Anónimo ha dicho que…
la llama que llama, hahahahaha, vos, vos ya tengo el boleto, te mandé el link a tu correo para que veás que no son pajas, llego pocos días pero llego como prometido, y espero que como prometido nos vayamos a echar el colazo. Te veo este fin de semana en el chat, ando igual de ocupado que vos.... maldita manía de estudiar... besos, abrazos, besos, abrazos
Sí!!! ya lo ví :D y sí, ya medio estoy planeando cómo, aunque no pueda entre semana, tenemos dos fines de semana, suficiente para ir por allí... y entre semana por acá :)
Esta fue mi primera lonchera :) No pensaba escribir hoy, no, para nada, hasta que la radio, mi fiel compañera, me hizo reflexionar sobre esa idea de la infancia como la etapa ideal, como esa etapa en la que no hay preocupaciones y todo es felicidad. Luego de escuchar a una buena docena de personas dar su opinión sobre este día -día del niño/niña- me pregunto ¿qué es lo que se extraña? ¿la falta de responsabilidades económicas? ¿la falta de penas? ¿la falta de compromisos? Y no, no pretendo hacer una apología de la infancia -pobre y trabajadora infancia- de este país, que como muchos sabemos y como otros quieren obviar, está súper jodida, sin oportunidades y sin una perspectiva muy amable que digamos, sobre el futuro. No, más bien voy a remitirme a mi propia experiencia como niña, más bien como persona, personita, que fue así como me crió mi madre y esa es la parte feliz de la infancia. Personas, eso éramos para ella, mi hermano Marcelo y yo. Mi mamá, Anabelle, no...
Me gusta la navidad, me gusta en el sentido gris del asunto. Me gusta la gente que se pone como loca. Me gusta que en esta época se está más cerca que nunca, en el pinche mundo occidental, de la idea de que la plata es la felicidad. Me gusta ver cómo la gente consume y los días antes de la navidad los locales de mercado, pacas, centros comerciales, tiendas de 9.99 se llenan, rebosan de clientes los lugares y de plata los bolsillos de los dueños. Me gusta esta manifestación de humanidad extrema, de esta humanidad que le teme a la muerte y que se llena hasta los codos de comida y de regalos. Me gusta ver cómo se preparan las fiestas, cómo la gente pasa de momentos de chinga y de alegría, de risas, a esas manifestaciones de agresividad descontrolada. Cómo se manifiesta la abnegación materna en las comidas, en la preparación de la casa y cómo el alcohol controla todo, absolutamente todo en esta época. Me gusta la gente que hace “amigo secreto” en la oficina y el límite de 50 pesos como t...
Punteado de cosas lindas: Un hombre guapo siendo muy dulce y amable con sus padres en un restaurante. Les partió la comida en pedazos masticables para sus cansadas mandíbulas. Les hablaba con ternura, con suavidad. Sonreía y esa sonrisa iluminaba más que el sol. Los señores hablaban quedito y él ponía atención a todo lo que decían. Un fotógrafo viejito y de los de a de veras, con cámara de rollo, cargando su cámara en una grada, midiendo la luz, esperando sentado a tomar la perfecta toma de un árbol en flor. El señor del parqueo apresurándose a ayudar a unas señoras que llevaban a una viejilla en una silla de ruedas. Sonriente le ayudó a acomodarse en el asiento trasero del auto y presto, metió la silla en el baúl. No aceptó la propina. Un perrito a punto de ser atropellado, un compañero perro que se acerca a toda velocidad y lo huele, como diciendo "¿estás bien?", el otro -quizá- gimió con ojitos de susto y le lamió la trompa en agradecimiento por la preocupación. Cada uno s...
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