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La USAC y yo

Yo soy parte de esa gente que muchos ven mal por ser Sancarlista, soy parte del orgullo de la tricentenaria y de los mil y un estigmas que caen sobre aquellos que, por decisión propia, decidimos hacer uso del derecho a que el Estado y los contribuyentes paguen nuestra educación superior. Yo tengo esta relación de amor-decepción (jamás odio) con la San Carlos porque me tocó la época posterior al aniquilamiento de pensadores, de intelectuales que una vez estuvieron ahí, que una vez hicieron de esa universidad un buen lugar para crecer y para estudiar. Pero me tocó, como ya dije, la época de crisis, la época de irresponsables dando clases, la época en la que los amiguismos lograron mantener a acosadores, malos profesores, gente que no sabía nada de sociología y nada de la vida, ni de la realidad nacional al frente de un grupo de estudiantes que, en parte por comodidad, en parte por decepción, sólo van a la u para pasar el tiempo.  Tuve, y no lo puedo negar, excelentes profes como...

Disfrutala

Ser una mujer guapa, de esas de tacón alto (que llevan las zapatillas entre la bolsa para descansar los pies de vez en cuando), de esas de minifalda y blusa entallada y con escote, no es una tarea fácil. Menos fácil aún, cuando en lo cotidiano, en la vida de oficina, se está rodeada de pirañas con bocas sonrientes y dientes afilados dispuestos a atacar a fuerza de acoso o de chismes.  Esta es la realidad de muchas chicas y mujeres que siguiendo sus impulsos estéticos y su necesidad de verse bien, de verse guapas de acuerdo a lo establecido por la cultura (maquillaje, pelo planchado, ropa sexy), tienen que enfrentarse todos los días con esos animales de oficina, que si bien muchas veces nada más ven y fantasean, muchas otras atacan.  La cultura plantea que esas y aquellas formas de vestir, calzar, andar, maquillarse, etc., son las "necesarias" para ser feliz y creo firmemente que cada mujer tiene el derecho de ponerse lo que quiera y arreglarse cómo mejor le parezca, ...

A través de los sueños

Por años, mientras era estudiante de sociología, imaginaba que pasaría mi vida haciendo investigaciones sobre mil y un aspectos de la sociedad guatemalteca. Sin embargo, y debido a la necesidad de esclarecer lo que sucedió en Guatemala durante mi infancia y muchos años antes, la mayor parte de mi trabajo como socióloga ha sido alrededor de la Guerra.  Una y otra vez, a lo largo de casi 10 años, he estado en contacto con esa parte de la historia de este triste país. Mi primer trabajo como socióloga fue acerca de la importancia de las exhumaciones. La institución para la que trabajaba había quedado de convocar a 15 mujeres por comunidad, 15 viudas que me contaran sus historias. ¿Cómo era la vida antes de la guerra? ¿Qué pasó durante la guerra? ¿Qué piensa de las exhumaciones? ¿Cómo encontró a su/s muerto/s? Estas eran tan sólo algunas de las preguntas que haría.  A pesar de la convocatoria, no llegaron 15... llegaron 30, 50, 75 por comunidad y por días y días me pasé es...

La infancia... feliz o pinche infancia

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Esta fue mi primera lonchera :) No pensaba escribir hoy, no, para nada, hasta que la radio, mi fiel compañera, me hizo reflexionar sobre esa idea de la infancia como la etapa ideal, como esa etapa en la que no hay preocupaciones y todo es felicidad. Luego de escuchar a una buena docena de personas dar su opinión sobre este día -día del niño/niña- me pregunto ¿qué es lo que se extraña? ¿la falta de responsabilidades económicas? ¿la falta de penas? ¿la falta de compromisos? Y no, no pretendo hacer una apología de la infancia -pobre y trabajadora infancia- de este país, que como muchos sabemos y como otros quieren obviar, está súper jodida, sin oportunidades y sin una perspectiva muy amable que digamos, sobre el futuro.  No, más bien voy a remitirme a mi propia experiencia como niña, más bien como persona, personita, que fue así como me crió mi madre y esa es la parte feliz de la infancia.  Personas, eso éramos para ella, mi hermano Marcelo y yo. Mi mamá, Anabelle, no...

Los consejos de los hermanitos

Quizá porque tuvimos tele hasta que ya estaba grande y porque pertenezco a la generación que todavía escuchó radionovelas como Porfirio Cadena, el ojo de vidrio y Kalimán, es que todavía conservo ese encanto por la radio. Así, mientras manejo y mientras cocino, lo que escucho es la radio y a falta de radionovelas, escucho programas de opinión y por supuesto a los Hermanitos de la Buena Esperanza y similares (Caciques amazónicos, Hermanos llaneros, las Hermanitas géminis, etc.) y siempre, por ahí hay alguna opinión sobre lo que habla la mara en estos programas. Hoy hablaré de los Hermanitos y dejaremos los de opinión, sobre todo uno que hay en la Sonora sobre hombres quejones, para otra ocasión.  No hace falta ser Hermanito de la Buena Esperanza para saber que las personas consultan a astrólogos, brujos y similares por dos razones fundamentales: la plata y el amor, o quizá el amor y la plata, en este orden. Por lo general, las mujeres preguntan sobre lo primero y los hombres ...

¿Y usted es virgen?

A P. le toca salir a trabajar y visitar sedes de la empresa en los departamentos. Esto, como se imaginarán, le permite interactuar con una enorme cantidad de personas con problemas y realidades muy distintas, ver de lejos, mientras él hace su trabajo de supervisión, cómo la gente se relaciona, cómo se trata, cómo se habla. P. tiene corazón de observador. Una de las cosas que me dice P., le llaman más la atención es la forma como se trata a las mujeres dentro de estas empresas prestadoras de servicios, y me contó de uno de los casos que más le han sorprendido, asqueado. Como en muchos trabajos, las mujeres son las encargadas de un millón de cosas que -idealmente- no deberían ser parte de sus funciones. Siempre están aquellas a quienes se les pide servir café y lavar las tazas, aunque su puesto no sea ese, si no el de vendedoras. El caso que me contó es así. Está esta chava, en una sede de la empresa, es vendedora pero como es mujer, le toca llevarle el café al jefe de tienda y a ...

Sin comida, sin café y sin azúcar

Hay historias que no sabe uno si en algún momento irán a parar en un cuento, o si simplemente se convertirán en una de esas que lo que permiten, más que nada, es describir al humano y su mezquindad. Me contaba un amigo esta tarde que en la empresa en la que trabaja, y en la que les toca hacer turnos de madrugada o quedarse hasta entrada la noche, han decidido -los jefes de departamento, no como política de la empresa- recortar los fondos para que en prolongaciones de jornada, se les dé desayuno o cena.  Por el ritmo que llevaba la historia y por lo que conozco ya de estos personajes a través de las largas pláticas, le preguntaba que dónde diablos está el germen de la rebeldía y le pregunté -oh, ingenua de mí- por qué creía él que estos bestias le estaban ahorrando una lana a la empresa, que es una de esas grandes y transnacionales, en lugar de estar procurando que los de abajo, entre los cuales están los jefes de departamento, tengan mejores condiciones laborales. Sí, sí, in...